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¡Témele!


“Y la equivocación de los cándidos, tan razonables, puede que sea su empecinamiento en esa superchería de que Sánchez dejará algún día de ser Sánchez”, Rafa Latorre dixit.
Pero Sánchez, ciertamente, no cambiará jamás.
Y si lo hace, será para ser más gangrenoso, mucho más nocivo para la salud mental y física de los españoles.
Sánchez jamás admitirá un error.
El presidente de una parte ridícula y miserable de los españoles vive alimentándose de un odio que, ni siquiera en estos momentos de tragedia sanitaria y económica, desaparece de su cabeza, que está desprovista
 del más mínimo sentimiento caritativo.
Sánchez, a ver si nos vamos enterando, no se transformará en Churchill.
Con él no salvaremos la libertad, la salud, la vida. Sánchez no es sinónimo de muerte, pero Sánchez si es la sombra alargada de la política populista y nefanda que un pueblo sin cultura democrática engorda con votos desde hace décadas.
Hoy, con plenos poderes, Sánchez reparte dádivas a empresas multimillonarias que trasladan a millones de españoles lo que el inquilino de la Moncloa quiere que todos vean. Basura en la tele. Mucha basura. Con la aspiración clara y precisa de continuar avanzando en el atolondramiento del populacho.
No hay periodismo libre si es Moncloa la que dirige la comunicación en tiempos de guerra.
No hay datos fiables, y el ciudadano libre, crítico, inteligente, que se niega a formar parte del rebaño lobotomizado por Atresmedia y Mediaset, es consciente del peligro que supone tener un gobierno social comunista que odia el régimen del 78, que anhela construir un páramo bolivariano, además de debilitar los cimientos del Estado hasta lograr que el edificio entero se venga abajo, sin tener en cuenta el número de vidas que se perderán tras el derrumbe.
Sánchez siempre seguirá siendo Sánchez.
Un peligro.
Un ser venenoso.
Un agujero negro que devora todo lo bueno de un viejo país que hasta hace poco atesoraba valores, creencias, positivismo, luz, ganas de vivir.
No es Sánchez culpable de la llegada del coronavirus.
Que nadie señale a este gobierno como el responsable de la aparición de este bicho que nos confina, quién sabe si mañana bajo la cama, dentro de la nevera, o directamente nos manda al crematorio sin posibilidad de escribir siquiera unas cuantas líneas de despedida. Sánchez no es responsable.
Pero Sánchez es Sánchez, y esa realidad es más que suficiente para temerle.
¡Témele!

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