Por cierto, señor
presidente del Gobierno de España, a mí no me tutee, ¿vale?
No lo vuelva a
hacer. Me fastidia.
¡Que no me tutee
le digo!
Y sigo muy
cabreado con los ciudadanos esclerotizados. Lo ignoran todo. No se cansan de
repetir consignas.
En mi pueblo, los
viejos sociatas y los jóvenes palurdos del mismo árbol retorcido y grotesco, se
desgañitan con consignan de muerte.
¿Un futuro con
esta gentuza?
¿Otra vez compartir
calle, aire, días, semanas, meses y años?
Nunca, va en
serio, he temido a la muerte.
Temo mucho más la
ruina social impuesta por generaciones de viejos y jóvenes sociatas con el
estalinismo en vena.
Sus hueras
palabras me enferman.
¡Y su lacayismo!
¿Se acuerdan
ustedes, sociatas inteligentísimos, cuando el machismo mataba más que el
coronavirus? Incluso los limpios caímos en una mentira que hoy mata. Pasábamos
de los chinos, los coreanos, los japoneses y, sobre todo, pasábamos de los
italianos.
La dictadura que
se implanta con psoe y Unidas Podemos al mando de este Titanic al que llamamos
España, afecta ya directamente a los periodistas. Muchos callan y agachan la
cabeza para seguir comiendo. ¡Los comemierdas de toda la vida! Otro, libres,
condenados a pagarlo muy caro, se revelan. Yo, humildemente, me encuentro en
entre ellos.
Después de 32
años ganándome la vida con esta puta profesión, decido no comer de la mano del
que quiere domesticarme.
Escribe Jorge Sainz
en Vozpópuli: “Los medios de comunicación no estamos para contar lo que quiere
el Gobierno que contemos. Hacemos un flaco favor a la sociedad si convertimos
nuestras portadas e informativos en una sucesión edulcorada de imágenes vacías,
curvas impersonales y música del Dúo Dinámico. Queremos saber qué pasa con el
material que no llega, por qué compramos pruebas que no funcionan, por qué
hemos fallado, por qué nuestra sanidad ha colapsado, por qué está muriendo
tanta gente, por qué no actuamos antes cuando pudimos. Los periodistas y los
medios de comunicación vivimos momentos tan difíciles como todos. Somos
conscientes de que el daño económico de esta pandemia para el sector será en
muchos casos irreparable por el hundimiento de la publicidad. Nos preocupa,
como a todos, el presente y el futuro. Vivimos encerrados, tenemos amigos y
familiares golpeados por la enfermedad; tenemos alquileres, hipotecas, hijos y
personas mayores a nuestro cargo como cualquiera. Nos podemos incluir en el
grupo de los primeros interesados en que la crisis acabe cuanto antes. Queremos
que las cosas vayan bien. Y al mismo tiempo, tenemos el deber y la obligación
de informar sobre lo que está pasando. El coronavirus es la historia
periodística de nuestras vidas, y la que va a marcar a toda una generación. La
gente, recluida forzosamente en sus casas, nos está mirando más que nunca. No
sirvamos a los intereses ideológicos y empresariales de esta trinchera infinita
en la que se han convertido algunos medios de comunicación. Es muy grave que el
Gobierno no deje a los medios preguntar de forma directa. Es preocupante la
falta de libertad para poner a los ministros frente al espejo de sus propias
contradicciones. La verdad no está en las moralinas del presidente. Y tiene
todo el derecho a hacerlas. La reivindicación de centenares de periodistas que
firmaron un manifiesto para algo tan simple como poder preguntar sin que nadie
del Gobierno filtre y seleccione las preguntas ha chocado con la negativa de la
Moncloa a tomar las medidas que se reclaman. No les hagamos el favor de comprar
su propaganda.”
La pandemia mata
asquerosamente. Y a un hombre, hombrecillo, que responde al nombre de Pedro
Sánchez, “le preocupa retener el poder, aunque sea a costa de una inaceptable
tentación autoritaria”, periódico El Mundo.
Porque
ciertamente (ser autodidacta me confiere esta autoridad) “años de educación no
garantizan ciudadanos pensantes”, como asegura Maite Rico. ¡Si lo sabré yo!
Y es que Pedro
Sánchez no alcanza siquiera el 30% de fiabilidad. ¿Doctor?
José Ignacio
Torreblanca usa el martillo: “…la tecnología y la conectividad han llevado a la
Ilustración a un nuevo momento de gloria y más a una Edad Media llena de
juglares, charlatanes y timadores que aprovechan la peste para darse importancia
y ganarse unas monedas.” En realidad hace referencia a la abundancia de falsos
medios de comunicación en internet.
Si el
social-comunismo tiene fácil hacer callar a 47 millones de individuos en una
península europea, la pestilente omnipresencia de las redes sociales es el
anticipo de la gehena.
P.D. Aplaudamos
otra vez esta tarde. Vale, yo también, pero susurremos, por lo menos la palabra
“dimisión”. No estoy pidiendo una cacerolada. “Dimisión”, bajito, como el buen
creyente habla con Dios. Recordemos que san Juan de la Cruz era un gran hombre
de escasa estatura, débil, enfermo, diezmado tras encarcelamientos injustos.
¿Seremos nosotros algún día, antes de mayo, tan valientes como lo fue el poeta
y santo místico español? Repite conmigo: dimisión.
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