La
inteligencia licuada es la monda.
Balcones con
gente, mucha gente. El aplauso más robotizado.
Yo entre
ellos, claro, dando palmas a ver si tengo suerte y una tarde pasa RTVC por El
Mayorazgo.
Todos
sonrientes.
Nadie llora.
Llorar es
pecado.
Lo ordena el
Gobierno más chupi guay de este mundo que es más feliz que unas castañuelas. Y
un gobierno capaz el solo de arreglar el desaguisado del puto virus y luego, ¡para
ya mismo!, salvar del hambre a millones de españoles.
¿Cómo?
Ah, pues escuche
bien lo que voy a decirle: esa pregunta es propia de un enemigo de España.
¡Guarde
silencio y aplauda!
¡Y baile!
Una
inteligencia así de licuada hace posible que los fanatizados, que son legión,
no se expliquen cómo es posible vivir sin el Facebook.
Los más
viejos y los más torpes del periodismo han hallado en la red de petardos un
acomodo gratis para pavonearse.
Cuando asomo
mi cabeza al balcón todas las tardes y ejecuto el aplauso que me ordena el de
la Moncloa, el de Unidas Podemos, y los mil millones de RTVE, y cuando veo las caras
de mis vecinos, no pienso en nada, porque pensar es aburrido y, además,
incomoda y hace subir la tensión, pero sí que en la cabeza nacen imágenes,
supongo que de un pasado lejano, en el que se permitía llorar, despedir a los
muertos, enterrar cristianamente, discrepar, insultar, amar; hasta realizar
sesiones de control al gobierno.
¡Una locura!
Hoy tenemos
la “suerte” de sabernos protegidos por los plenos poderes de un ejército de
políticos que sí tienen mascarillas, guantes, gel desinfectante, jubilación de
primera, privilegios de una casta con la que siempre soñó Pablo Iglesias, Irene
Montero y quién sabe si alguna más.
Pero
nosotros aplaudimos. Damos gracias a tanta gente buena.
Porque hay
mucha gente buena en el mundo, ¿lo sabían?
Y no
fastidie, cojones, deje de quejarse, no sea como esa petroquímica oposición
encabezada por PP, VOX y Cs.
Usted a los
suyo.
Aplauda,
sonría, acepte como victoria el confinamiento y la música chunga de la vecina que
todas las tardes contagia al vecindario con la alegría que quiere Sánchez y los
734 muertos de hoy.
Después de
aplaudir estoy más que seguro que un día de estos nos regalan un plátano.
¡Coman, por
ser buenos!
Comentarios
Publicar un comentario