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Qué ganas tengo de regresar a Irak

Abre la puerta de la residencia y encuentra muertos. Y vivos. 
El militar se mueve despacio. Hay un silencio casi metálico. La muerte se pega a la cara.
Los vivos tienen los ojos fijados en un punto de la nada. 
El militar es un bulto más dentro de la residencia. 
Hay varios muertos en los asientos.
La televisión encendida.
Tele 5 con chicos y chicas dándolo todo para  ganar un premio mientras aprenden a hablar.
O a follar.
Hay otro muerto en una salita con un brazo colgando y los dedos rozando el suelo.
El militar está despierto. "Estoy despierto."
No huele mal.
Oye a otro compañero decir desde la planta de arriba que hay diez viejos sin vida en las camas.
Y otro más tirado en un baño. Los pantalones quitados.
Y muchas moscas.
"Que esto apesta, joder".
La residencia se llena de militares. 
Están pisando huevos. Creen. 
Se mueven cámara súper lenta.
Hablan con los vivos pero los vivos no responden.
Ofrecen agua, zumo de naranja, leche. 
Algo de comer.
Una señora va a por una magdalena. 
Nace una sonrisa. 
Pero ella come y la mirada otra vez en la nada.
No hay infinito.
La nada.
"Qué hacemos con los muertos, mi sargento?"
Un viejo se pone en pie y exclama que España es lo más grande.
"¿Esta bien?".
"Yo sí. Tú estás vivo o muerto?"
El sargento informa de lo que ve. También de lo que no ve pero lo huele. De lo que empuja con las botas. Tiene ganas de pegar un par de tiros.
La ira se contagia rápido.
Los vivos son atendidos por enfermeros. 
Los muertos se amontonan. 
17. 
Hay más muertos que vivos.
"¡Abran todas las ventanas, me cago en todo!", grita el sargento.
Se le ocurre apagar la televisión y uno de los vivos lo llama hijoputa.
"Me cago en mi madre".
Los militares van saliendo de la tumba.
Ya en la calle vuelven a mirarse, se reconocen. Algunas fuman.
El sargento se queda de pie a la entrada. Los mira.
"Qué ganas tengo de regresar a Irak". 




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