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Iturgaiz, Vox, España, ¿o prefieres la calima de Patricia Hernández y las majaderías del gacetillero local?


Siempre me gustó el PP vasco de Jaime Mayor Oreja y María San Gil.
Más, mucho más que el PP de Madrid. Mis simpatías por José María Aznar decayeron con el devenir del tiempo. No precisamente por la foto en las Azores (aunque no me gustó ni el gesto ni lo que implicó la decisión).
Aznar, buen presidente, ostentó con chulería lo que en el social comunismo se fabrica en el vientre de la parturienta: ”Yo soy yo”. Pueden ustedes añadir exclamaciones.
Carlos Iturgaiz es otro ejemplo del PP vasco hecho a la medida de un isleño que obstinadamente pone a España por encima de todo.
Repito que el norte de Tenerife nada importa si España está en peligro real.
(A ver la conclusión que rumian a partir de ahora los pensadores (escasos) tras leer la anterior afirmación que, llegado el caso, y sin niebla, es el único axioma que no permite la existencia activa o pasiva de adversarios.)
España, solo España importa en estos momentos. Y siempre.
Iturgaiz llega de nuevo a la parrilla de salida convertido en un hombre de paja de Casado. Y ser un hombre de paja de un niño con poder relativo en Génova es mal comienzo.
Pero Iturgaiz tiene pasado. Y ese pasado, precisamente, es más sólido que el presente. Ningún cretino en la derechita cobarde podrá plantarle cara al vasco. Su frontal rechazo al PNV sigue siendo garantía de españolidad constitucional.  
Iturgaiz es sinónimo de libertad, patriotismo y lucha contra la violencia nacionalista.
Sorayista fue. Nadie es perfecto.
Pero ser sorayista en el PP es castigo suficiente para que “El País” no lo fustigue en demasía. Ten compasión Soledad, Cué, “Juanito” Cruz.
Y VOX, oh, Abascal, sigue poniendo de los nervios a los peperos de ABC, El Mundo, La Razón, El Español, El Imparcial, sin  olvidar a los “peperitos” del Puerto de la Cruz. No todos, natural.
VOX es tan necesario para España como el aire limpio de Galicia, Asturias, Cantabria, ahora Las Vascongadas.  
En Tenerife tenemos tres opciones legítimas. Repito, legítimas. Votar VOX, votar PP, votar CC.
Votar por la calima que respiran los chicharreros en su carnaval es apostar por la Covid-9.
(¿Seguirán afirmando algunos representantes del canibalismo intelectual que los festejos de Patricia Hernández representan al norte de la isla?)
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Vox no es extremismo.
Pero de ser extremo, hay en ese partido lo que el pensador dijo del patriota derrotado pero nunca humillado: vida más allá de la cobardía.
VOX es combatir con denuedo las verdades llanas e insustanciales, más peligrosas si cabe que las mentiras.
No olviden ustedes que las falacias del social comunismo, gacetillero local al frente, son cojas y deformes, de ahí que siempre apesten a ambición desmedida.
Iturgaiz merece un respeto.
VOX es garantía de solidez constitucional.
Y para terminar: “Talleyrand es el paradigma del político que flota como un corcho y sobrevive a cualquier situación. Cambia de principios como de camisa y se mimetiza con el entorno. Y tiene la habilidad de servir al poder sin el menor recato. Hay cerca de nosotros algún dirigente político con tan pocos escrúpulos como el príncipe de Benevento”, Pedro G. Cuartango dixit.
Es como el huevo a la gallina cuando del gacetillero local escribimos, ¿verdad?


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