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El miedo al sociata (también al PP en su día) es una pandemia


El editorialista del periódico El Mundo olvida hoy que Vox irrumpirá con fuerza en el parlamento catalán. El cordón sanitario a la otra fuerza constitucionalista presidida por Abascal es un ejemplo de supuesta superioridad moral de una parte del centroderecha español. Sé que Vox quiere aspirar a liderar esa derecha. Es legítimo, sobre todo cuando Pablo Casado muchas veces enseña que es un cuasi líder que va de tele en tele como pollo sin cabeza. Sin Vox no cabe la defensa del constitucionalismo, por mucho que digan algunas gallinas del “pepepito” con Michavila y ABC dale que te pego en la defensa de la gaviota o lo que coño sea ahora.
Otro asunto, no menor, es el que afecta, por mentiroso, al ministro de Transporte, José Luis Ábalos. Siempre que abre la boca empeora la imagen de la política y de su partido, que hoy reniega de España. Ensucia y llena de mierda el día a día. Se sabe que Delcy Rodríguez se paseó emperifollada varias horas por la zona de tránsito de Barajas, que (usted y yo lo sabemos) es territorio español, y así lo han repetido en directo y con megafonía sentencias del Tribunal Constitucional y del Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
Pero Ábalos no se manda a mudar. ¿Por qué no Caracas? Paguemos entre todos el pasaje a uno de los países como ministro de Turismo que llegó a Fitur con el objetivo de promocionar los encantos del hambre, la miseria, las persecuciones, los asesinatos, el éxodo y la ruina total de uno de los países más ricos del mundo, gracias, siempre, a la determinante presencia del socialcomunismo en el poder. ¡Disfrute señor Ábalos de una gobierno narcotraficante! Temo que no me hará caso. Pero lo de mentiroso ya no se lo quita nadie. ¡El ministerio tampoco, porque Ábalos llegó a la política para quedarse!
“…a todos nos gusta que nos digan que somos superiores al bruto del vecino.” Jorge Bustos dixit. Y esto pasa hoy en el Puerto de la Cruz. Más que antes. Es como si la ciudad, pequeñita, lindara con Moncloa. Toda opinión discrepante, discordante, independiente, libre, es de inmediato tildada de mentirosa. O mucho peor: postura contraria a los intereses de la ciudad. Si dices no, pasas a convertirte un bruto (¿Bruto?) con pocos derechos y muchas obligaciones, entre ellas, pedir perdón por no ser capaz de reconocer los adelantos y pasos hacia el siglo XXII que experimenta la ciudad en estos primeros meses del renacer del Puerto de la Cruz.
Y mientras tanto, “Abubucaca” protagonizando el pregón del Carnaval Internacional de mi ciudad. Que no me jodas, carajo.
Y el chovinismo de los sociatas (los socialistas no tienen nada que ver en este asunto) comienza a convertirse en una pandemia. El miedo al sociata, como escribo hace tiempo, es un encogimiento de huevos, pero también el silencio y arrodillarse ante la mentira del poder local, insular, regional, nacional.
A mí el chovinismo del PP cuando ostentó el poder no consiguió evitar que me enfrentara a su poderío güisquero con el culo marianista acoplado al bareto y el bolso sorayesco poniendo huevos de serpiente en el asiento de san Jerónimo.
Retorcer la verdad es cosa consentida en el periodismo. El viejo gacetillero local sabe mejor que Xi Jimping que poner cara de respetable sacamantecas consigue matar el hambre.
En face está el empoderamiento del odio, el sectarismo, la indigencia, el parasitismo, la ignorancia y el matonismo. De los puñeteros amigos (pocos) que tengo en la jodida red, me gustaría que desapareciera el 90 por ciento. Quedarme con los sociatas.
Así el face tendría sentido.
Una vulgar cochinera aspaventera para superhombres y superhembras. Y servidor fustigando. ¡Vivir a lo grande!

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