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¿Pero Tejero o Sánchez?


Un presidente que huye de los periodistas es enemigo de la democracia. Lo es Sánchez.
Pero ese tal Sánchez también es el todopoderoso mandamás del ps (la O de obrero y la E de España no caben en su miserable proyecto personal). El hombre que llegaba para poner luz, en realidad es el portador de la sombras.
Ni la suerte de poder contar con un ligero balance del cierre del año por parte del inquilino monclovita. Cobarde y felón. Siempre.
En Estado Unidos yacería a la intemperie, pasando frío y sentenciado a ser insultado por el pueblo soberano. Aquí mayoritariamente el pueblo (populacho) es el que lo mantiene con vida.
Ignacio Varela nos recuerda en El Confidencial que “la gran mayoría de los gobiernos de coalición existentes en Europa son transideológicos: en ellos colaboran partidos conservadores y progresistas, que se unen para hacer frente al desafío nacionalpopulista o, simplemente, para dar estabilidad a sus países.”
Aquí el progresismo es golpismo. Es delincuencia. Es racismo. Es violencia.
“En las instituciones europeas funciona una concertación de conservadores, socialdemócratas, liberales y verdes en la que participan sin ningún problema el PSOE, el PP y Ciudadanos. Pero en la política doméstica, ambos bandos prefieren apoyarse en sus propios extremos nacionalpopulistas que dar un paso para entenderse entre sí. Algo hay en nuestra herencia histórica que provoca un foso emocional insalvable para hacer normal lo que en cualquier otro país es normal.” A lo mejor Varela debería insistir, como hago yo, en que el progresismo en España ha mutado. Una metamorfosis más allá de lo kafkiano. En el párrafo anterior enumero los muchos males que hay en el alma del llamado progresismo español.
Hace poco me enseñaron unas imágenes de Tejero. No aprobé en su día lo que hizo. Hoy sigo sin justificarlo. ¿Pero Tejero o Sánchez? No cabe duda de que el presente nos enseña que el teniente general, equivocado y condenado, representó menos peligro para España y para nuestro bienestar que la pordiosera ambición del progresismo harapiento.
Y es que de nuevo Varela acierta: “Con estos pactos de Gobierno, la izquierda rompe el contrato del 78, se arroga el derecho a transformar unilateralmente la arquitectura jurídica e institucional del país y promueve una reforma constitucional de hecho: una que no tocará la letra de la Constitución porque es aritméticamente imposible, pero que subvierte su espíritu. A la vez, el PSOE se desliga de su propia tradición de partido de Estado; y lo que es peor, dimite de su misión de defender la Constitución de sus enemigos. Lo que es tanto como dilapidar su propia herencia.”
Cuando fracase la traición, el psoe no hará una travesía por el desierto. El psoe deberá acometer una profunda reflexión entre rejas, en el exilio interno o externo, en el pudridero de la memoria. A los supuestos logros que le atribuye mi admirado señor Varela, nada puede quedar en pie cuando el partido que en España es la voz de la socialdemocracia europea se encama con las piernas abiertas para que todos los enemigos del 78, y por ende de la patria, controlen nuestras vidas. De travesía por desierto, nada de nada. El psoe, tras el fracaso (que llegará) de este golpe de estado en el que participa, pasará una larga temporada en la mazmorra de los malditos. Será un Caín vagando sin tierra. Marcado para siempre como partido felón.
Y no olvidar que la fastidiosa e injustificable fragmentación de la derecha es cómplice de este episodio guerracivilista.
El niño Rivera tenía razón: "Una banda".
Pues no gobernará/mandará una banda. Una horda. Con Sánchez a la cabeza; pero quién manda en ella. Un ps (ni obrero ni español) cabalgado por violentos, golpistas, antisistema, corruptos, localistas; clara prolongación, oh, sí, de un pueblo (masa servil) tan cómplice que no puede salirse de rositas de este episodio. 
Hay que realizar también una referencia a los columnistas que de repente han encontrado en el silencio rocoso un vestigio de sabiduría bien remunerada. Es algo que debemos tener siempre muy a nuestro lado, y que Ignacio Varela no pasa por alto.
Pero a mí me puede el sentimiento de repugnancia hacia el vasallo felón. O sea, el pueblo que vota, el pueblo de la Pedroche. ¿Nosotros somos ese pueblo?

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