España se nos muere y el pueblo soberano se rasca los huevos.
España es humillada por una horda de traidores, y nadie sale en su defensa.
Sólo palabras y más palabras. Yo mismo soy uno que emplea el lenguaje para
enseñar mi rabia, mi consternación, pero de ahí no se pasa. No estoy pidiendo
que rompamos las reglas del juego con violencia y sangre, eso ya lo están
haciendo los que, junto al psoe, entronarán a Pedro Sánchez el martes. Lo que
pido es que ocupemos las calles. Que se nos vea. Libres, desafiantes, personas
sin miedo en dar la vida en defensa de la libertad, la paz, la concordia, el
orden constitucional. Dar la vida por España, que es la única casa donde
realmente vivimos. ¡Cuán amargas e irrisorias son las palabras cuando no van
acompañadas de la acción contundente del pueblo soberano y sus representantes!
Si la ley es amenazada, llegó la hora de ponernos en marcha. Nosotros no somos
los violentos. Tampoco somos los cobardes. ¿Quién da la orden?
Mientras tanto, lo admito, el pueblo soberano, por el que
tanto desprecio siento en estos momentos tan difíciles que vive la patria, se
aísla del conflicto y se convierte en cómplice del golpe de Estado. ¿Qué otra
cosa está sucediendo en el Congreso de los Diputados, después de casi 8 meses
de inactividad? Los enemigos de España se han adueñado del poder. Vamos a tener
un todopoderoso vicepresidente que ha mantenido estrechas y fructíferas
relaciones con regímenes narcodelincuentes. Un Rufián que se vanagloria de la genuflexión
del psoe. No cabe más opción que pasar a la acción. La democracia sana, fuerte,
segura de sí misma, debe disponer de mecanismos para que la acción defensiva
sea rápida, contumaz, precisa y fulminante. O tomamos esta medida, o nos
comerán los bichos mientras llenamos espacios en blanco en la pantalla del
ordenador.
“Conviene despreciar lo que pedro sánchez diga”. (Arcadi
Espada dixit). ¿Y sus hechos? Nada de nada. “Inéditos”, señala Espada. Así que
el desprecio hacia el tirano tiene que ser absoluto, irrevocable. Debe sentir
en el cogote el vilipendio del hombre libre. Cada vez más cerca. Cada vez con
más intensidad.
Si el inminente gobierno de Sánchez declara enemigos a
jueves y medios críticos, está declarando la guerra al hombre libre. Y si nos
declara la guerra un miserable, la guerra tendrá.
Si callan los diputados del psoe, sodomizados por el
sanchismo a cambio de una nómina de puta madre, y gritan alborozados cuando el
tirano escupe mentiras y anhela una España muerta a sus pies, con la sangre
corriendo por las calles, olvidando promesas traicionadas y tantas cosas más,
quienes no deberían callar son las señorías de la derecha, y junto a ellas, un
pueblo sin miedo a la cal viva que, Pablo Iglesias y otros que ahora pasarán a
mandarnos, seguramente estarían dispuestos a utilizar para silenciar la
democracia.
Los periodistas que callan o se muestran encantados ante el
desparrame de vísceras que se avecina, no pierden ocasión para hablar de una
derecha que no entiende, que es en esencia enemiga del pueblo, del bien común, enemiga
de lo que es mejor para España. Como si
España lo que más necesitara para sentirse fetén fuera morir asesinada
por una tropa de hijos de puta.
El papel de algunos medios de comunicación no debe
soslayarse. Son la avanzadilla del horror que se precipita sobre nuestras
vidas.
Hoy en el Congreso, Mertxe Azpirua de HB Bildu, disfrutó atacando
al Rey y la Constitución. ¿Qué hizo Pedro Sánchez? Nada. Seguir con su
masturbación. “Seré presidente, eso es lo que importa”. La presidenta de la
Cámara, Meritxell Batet, está en ese sitio para que Sánchez tenga larga vida. El
Rey y la Constitución a Meritxell le son ajenos. Ella mira la cara bonita de
Sánchez y con eso vive, amén del sueldo, amén de los privilegios y teniendo muy
presente la rendición del pueblo soberano.
Mientras la filoetarra insultaba a las víctimas de
terrorismo, el que será presidente de España el martes 7 se corría de gusto en
el asiento.
Y tú, sociata malnacido, eres como él. Y junto a ti están
los cobardes que hoy consumen, se aíslan y viven a espaldas de España.
Miserables que deberían estar entre rejas. A pan y agua. A la sombra de por
vida. Por alta traición.
A lo mejor llegará el día en que se hará justicia.
Hablo de ti, pueblo soberano. Cómplice de esta liquidación
de España.
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