Vaya por delante
mi respeto inquebrantable hacia la Monarquía. Pero como hombre libre pregunto:
¿qué margen de maniobra tiene nuestro rey ante unas horas que son dramáticas
para España?
Sánchez es
enemigo de España. Enemigo de la libertad, la concordia, la paz, el progreso.
Enemigo de la Monarquía.
Él manda. ¿Y
nuestro Rey?
¿Es que estas no
son horas tan amargas y difíciles para España como las que vivimos el 3 de
Octubre de 2017?
Las palabras del
Rey son hoy más necesarias para la supervivencia de España que las pronunciadas
durante aquellos terribles días. ¿Puede el Rey hablar? ¿Está secuestrado? ¿Va
camino de Cartagena?
El golpe de
Estado perpetrado desde la Moncloa nos obliga (a todos) a ser patriotas. Pero patriotas
de verdad. No caben los patriotas acomodados en redacciones de periódicos,
palacetes, despachos personales (mi caso), etc.
Hoy, ya. Un
minuto más tarde será el fracaso de España.
No vale el “Discusionismo
kafkiano” (Juan Manuel de Prada dixit).
El tirano y
enloquecido secretario general del psoe en su perorata de hoy ha vuelto a hacer
lo que mejor sabe ejecutar desde que se hizo con el control absoluto de Ferraz
y de lo que todavía se llama España. Mentir. Hace unos cuantos meses Unidas Podemos le quitaba el sueño. Ya no. Hace menos tiempo, el enemigo número uno de
la democracia se maquillaba para decirnos que hacían falta nuevas leyes para
guerrear contra el cochino independentismo. Hoy tiene firmado un acuerdo con
los delincuentes golpistas.
Ese mismo
Sánchez, poseído por un demonio llamado odio hacia lo español, se atreve a
proclamar como bien común la superación de la judialización de la política, o
lo que ahora llaman conflicto político. Si se sale con la suya, la ley será
liquidada en beneficio del violento golpismo catalán y vasco. Porque no hay que
olvidar al PNV y HB Bildu.
Mientras tanto,
tú yo, todavía con ojos, todavía libres, pero perseguidos y mañana encarcelados
y liquidados (seguramente), vemos como el actual ministro del Interior en
funciones, un tal Marlaska, apuesta por desaparecer, ridiculizando su figura y
convirtiéndose en el brazo armado del objetivo irrenunciable de Sánchez.
Leer a Juan
Manuel de Prada debería bastar para entender lo que está ocurriendo en España: “…han
sustituido la deliberación aristotélica por el «diálogo», en el que no hay
amistad entre las partes, que sólo miran taimadamente el modo de engañarse y
timarse mutuamente; en el que tampoco hay unidad de mente, pues ninguna de las
partes reconoce un «orden del ser», sino que buscan que prevalezcan sus
opiniones fantasiosas o su mera voluntad de poder (como le sucede al doctor
Sánchez, que no tiene otra opinión sino el apego a la poltrona); y en el que no
hay, en fin, la «justicia política», pues cada parte no quiere lo que le
corresponde, sino los cuernos de la luna.”
El tirano bananero
del psoe ha dicho que es bueno poner en marcha “cordones sanitarios”
ideológicos, y al decirlo le faltó bajarse de la tribuna y escupir en el rostro
de Abascal, Casado y Arrimadas. Pero ese cordón sanitario ideológico no
afectaría a ERC, PDeCAT, CUP o Bildu. Sánchez nos pone en el centro de la
diana. Si eres español, constitucionalista, persona de bien y no votas al
tirano, tus días en libertad pueden estar contados.
España o lo que
quede de ella, tendrá a Sánchez arrodillado ante ERC, PNV y Bildu.
O nos partimos la
cara defendiendo lo nuestro, o es que en verdad merecemos el infierno que ya
está aquí.
¡Qué tal una tila! Campeón.
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