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Defender España, imbécil, es defender tu libertad


Partirme la cara en defensa de España. No dejar que los enemigos de mi patria se salgan con la suya. Y partirme la cara con todos los cobardes que callan, miran para otro lado, o se atreven a proclamar que la cosa no está tan mal como algunos pitan. ¡Cobardes! ¡Miserables! ¡Malnacidos! Partirme la cara desde ya. 2020 es el año en el que los españoles tienen la última oportunidad para tirar al cubo de los desperdicios a quienes se alimentan del odio a España.
Decir España, a ver si te enteras, imbécil, es decir defensa de la solidaridad; es trabajar juntos por la igualdad; es batallar sin descanso por una justicia igual para todos; es dar voces en defensa de la unidad de la patria, que es unidad de pueblo, unidad de acción.
No admitas por más tiempo que sigan vendiéndote que hay adversarios. No los hay. Un adversario es un español que discrepa acerca de qué política económica es mejor implantar. Un adversario tiene perfecto derecho a discrepar de tu visión social, cultural, religiosa, etc. Pero tú y él, permanecerán unidos en la defensa de la patria. La casa común nunca será puesta en peligro por el adversario. Y el adversario sabe que tú estarás con él si España necesita de los dos. ¡No podemos fallar!
El enemigo es el que piensa exclusivamente en sus intereses. No es patriota. Quiere cepillarse todo lo bueno que hemos construido. No acepta que la democracia, y pisotea nuestros derechos. No cree en los principios. Así que el enemigo es Pedro Sánchez, y junto con él, esa larga lista de felones, corruptos, golpistas y violentos.
“Pero en el fondo tenías razón: el gran éxito de Pedro Sánchez ha sido la completa despenalización moral y social de la mentira. A base de convertir su palabra en una filfa, en un palique carente de sentido, en una cháchara vacía, ha conseguido que la contradicción compulsiva, el autodesmentido, la rectificación continua, carezcan de la más mínima consecuencia política.” Ignacio Camacho en ABC emplea las palabras más corrosivas para despejar la duda que algunos cargan al salir a la calle, al regresar a casa antes de cerrar los ojos para ponerse a soñar con la Pedroche. Nadie puede negarle a Sánchez que ha tenido éxito. Un éxito arrollador. La España en la que deja huella, es la más propicia para sátrapas como él.
“Al destruir, por desgaste, el valor contractual del compromiso entre el dirigente y su pueblo, se siente liberado de todo lastre ético.” Así es. Camacho vuelve a enseñarnos sin luces de navidad al predador monclovita que una mayoría de españoles desea ver convertido en el presidente para cuatro años que la Cataluña golpista y el País Vasco separatista necesitan y anhelan.
No hay compromiso en Moncloa que ate al Norman Bates de la casa del psoe con sus cadáveres (45 millones de españoles).
La opacidad es la nueva y rutilante estrella de la democracia en manos de Sánchez. La felonía un atuendo goloso y provocativo, insinuante. La carencia de escrúpulos es garantía de éxito, y es estudiada en las sedes donde sociatas se reúnen para festejar la victoria del horror. Aquí no cabe el error.
Por todo ello, a los que hoy lo lamentan y van de plegaria en plegaria, yo los acuso de ser cobardes. Al que se mandó a mudar y ahora vende libros, al que tras sufrir un soponcio por la pérdida de confianza deja en el barco a pasajeros y tripulantes y se larga a vivir la vida loca. ¡Cobardes! ¡Los dos! A los que todavía quedan y apenas enseñan la cabeza desde el agujero maloliente donde están cobijados. ¡Sabandijas!
¿Seré yo el único español dispuesto a partirse la cara? ¿Es que acaso España ha dejado de importar a este pueblo rastrero y oscuro?
Tengo miedo de verme solo, pero no hay miedo a dejarme la piel en defensa de tu libertad. En defensa de nuestra Patria.
  

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