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El agredido y el agresor

 

Europa habló bien. “Es el momento de la verdad para Europa. Vivimos un enfrentamiento entre el imperio de la ley y el de las armas, entre un orden basado en las normas y la agresión sin más. Si Putin buscaba dividir la UE, la OTAN y la comunidad internacional, ha conseguido exactamente lo contrario (…) Nadie puede mirar hacia otro lado cuando alguien agrede sin justificación a un vecino mucho más débil. Nadie puede invocar la resolución pacífica de los conflictos, nadie puede poner en el mismo pie de igualdad al agredido y al agresor y nos acordaremos de aquellos que en este momento solemne no estén a nuestro lado”.

Y yo acuso a los que en la derecha y en la izquierda se mantienen equidistantes. A veces cayendo en el horror de entregarle un pedazo de razón a Putin. O toda la razón al nuevo zar-comunista.

Más que la neutralidad de Ucrania nos jugamos nuestra libertad, nuestra superioridad moral ante cualquier modelo de sociedad que no sea el que nos cobija.

Más allá de la democracia representativa está el caos, el horror, la guerra, la satrapía, el cesarismo, el despotismo, la oligarquía y la sumisión extrema.

Si damos la espalda a Ucrania, a los ucranianos, entonces abrazaremos la barbarie y sentenciaremos a muerte las libertades.

Pero sí la democracia quiere seguir siendo convincente ante el mundo, lo primero que ha de hacer es armarse hasta los dientes. Pasar de la retórica y del abrazo en el mundo del Metaverso y tocar sin remilgos la realidad de un mundo que hoy está dispuesto a echarse en brazos de regímenes autoritarios. Los signos evidentes de flaqueza que dan las democracias se multiplican a diario.

Y precisamente en el momento crucial para la historia del mundo, cuando ya no cabían más errores, más dudas, más paños calientes; cuando todos dábamos por hecho que la Unión Europea y la OTAN se mostrarían lentas, pusilánimes e inmersas en una moviola de palabras y más palabras, la respuesta de las democracias occidentales ha sido la correcta. Firmeza ante el chantaje y el desafía putiniano.

Como bien señala Ramón González Férriz, “…este nuevo alineamiento en dos bloques no solo se basa en los incentivos económicos y financieros, aunque estos sean muy fuertes. Supone además la confirmación explícita de que en la nueva guerra fría los dos bloques tendrán visiones esencialmente distintas de la forma de gobierno ideal: por un lado, las democracias liberales occidentales y, por el otro, dos enormes países con una fuerte tradición autoritaria y líderes con poderes casi ilimitados. En los últimos días, Rusia ha cerrado dos emisoras de radio independientes, ayer amenazó con hacer lo mismo con Facebook —que, pese a las críticas que recibe en Occidente, es un medio de información veraz para muchos rusos— y previsiblemente aumentará las penas para los delitos de traición, que incluirán la desinformación sobre la invasión. En muchos sentidos, su sistema convergerá con el chino y traspasará esa delgada línea que existe entre el autoritarismo y la vocación totalitaria.”

O se está con la democracia o se está con la vocación totalitaria. Hay que elegir.

El búnker psicológico que mantiene a Putin alejado de la realidad de su pueblo es el que las democracias deben tirar abajo.

“El pacifismo irresponsable, pueril y apolillado de la izquierda radical española es el mejor aliado de los tanques rusos para consumar su infamia con el menor desgaste.” Breves líneas del editorial del periódico El Mundo.

Podemos, ERC, Bildu, BNG o CUP, pero también socialistas con ese inconfundible hedor a hijos de Putin, serán siempre los voceros del dictador ruso.

Y, naturalmente, todos los que con su voto consoliden estas siglas en España en futuras elecciones, son cómplices del genocida de un país con más de 17 millones de kilómetros cuadrados y donde cabe España más de 34 veces. ¡Hablo de ti, votante paleto, miserable, zascandil, bruto y zafio!

 

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