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Puerto de la Cruz: no es Miguel Ángel Oliver.


Hay un Secretario de Estado de Comunicación en el Puerto de la Cruz.
No es Miguel Ángel Oliver.
Un bípedo tan obediente como Miguel no se consigue tan a la ligera. No se compra en China y menos de segunda mano.
Quizá sea un jefe de Gabinete de la Presidencia del Gobierno.
Pero no. Tampoco.
El sujeto, porque no es sujeta (hubiera sido una hembra feísima), se atreve a decir muchas memeces a lo largo del día.
Creo que le da al bicarbonato desde primera hora de la mañana.
Su adicción al Facebook lo ha convertido en un aspirante a saco de boxeo.
O saco de mierda, que no es lo mismo, pero a Sánchez seguro que le viene mejor.
Digo que tenemos un Secretario de Estado de Comunicación en el Puerto de la Cruz porque al ir cumpliendo años va fabricando más odio, más sectarismo, más soberbia, más heces mentales que ningún otro ser humano en 8,9 kilómetros cuadrados.
Si el confinamiento que sobrellevamos 47 millones de españoles, exceptuando Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, sirve para que el virus de los cojones no termine apagando la vida de los inocentes, entonces nosotros, obedientes, pero ciudadanos ejemplares, cumpliremos con dicho confinamiento, y nos atiborraremos de la sabrosa distopía en teles, radios y Facebook.
Antes tenía flores en mi balcón. Casi una terraza. Ahora tengo libros y el balcón es casi otra biblioteca. Todo ordenadito.
Con estas tardes deliciosas, casi en silencio, me siento y leo en el balcón/terraza.
Oigo a los mirlos, pero también de vez en cuando a la vecina de un edificio cercano que para decir que va a cagar se lo tiene que hacer saber a todo el vecindario.
Nuestro Secretario de Estado de Comunicación en el Puerto de la Cruz es una persona fabricada con trastos de segunda mano.  
En China trabajaría de portavoz del Partido Comunista, presentaría un programa en la tele oficial, y anunciaría la gran verdad: "Hemos vencido al coronavirus". ¡Mentira!
Tiene cara de comunista, cabeza de comunista, boca de comunista, la mala baba de cualquier comunista y una oratoria empírica, o sea, estalinista.
Escribe boca abajo, y así las estupideces quedan plasmadas en la pantalla del ordenador con suma facilidad.
Es el típico sociolisto del carajo que maldice el capitalismo, pero siempre viviendo de puta madre con Franco y ahora en democracia liberal.
Sus primeras pajas nacieron con el General.
En esta democracia suya, porque él es rojo y es Secretario de Estado de Comunicación, no hay hombre, mujer, niño o cangrejo moro, que tenga más derecho que su persona a poner en Facebook, sobre todo en Facebook, todo lo que un culo es capaz de expulsar para hermosear el hábitat más próximo.
Si Pedro Sánchez necesita de más papagayos, en el Puerto de la Cruz tiene un ave exótica que haría a la perfección ese trabajo.
Escribe como Juan Luis Cebrián, habla como Pablo Motos, ríe como Yolanda Díaz, de él dijo mi admirado Quevedo: “Ruin arquitecto es la soberbia; los cimientos pone en lo alto y las tejas en los cimientos.”


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